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P. Cada religión tiene un diferente punto de vista sobre la vida después

R.
Durante mucho tiempo, la gente ha querido saber acerca de la vida después de la muerte, pero no ha habido forma de conocerla claramente. Por eso, han imaginado la vida después de la muerte según su propia manera y han creado incontables religiones. El confucionismo insiste en que el alma humana sobrevive temporalmente después de la muerte y después perece. El budismo insiste en que la gente cuando muere emigra dentro de los Seis Reinos. Los islamitas imitan el cristianismo e insisten en que existe un cielo y un infierno.

Sin embargo, el resultado es que no pueden dar ninguna evidencia para sustentar su insistencia.

Entonces, ¿qué nos dice la Biblia? Por medio de numerosas profecías y sus cumplimientos, Dios testificó claramente que la Biblia es verdadera, y fundamentado en la base de su testimonio nos ha enseñado claramente acerca de la vida después de la muerte. La razón por la que muchas religions del mundo no saben ni explican exactamente acerca de la vida después de la muerte, es que no comprenden claramente dónde estuvieron los seres humanos antes de nacer. Pero la Biblia nos habla claramente acerca de nuestra vida anterior y también explica acerca de nuestra vida después de la muerte.

Lo siguiente es lo que la Biblia nos enseña acerca de nuestra vida anterior y nuestra vida después de la muerte: nuestros espíritus fueron originalmente ángeles del cielo, pero cometimos graves pecados que merecían la muerte, por eso fuimos arrojados a esta tierra en la carne y estamos viviendo temporalmente como peregrinos en la tierra (He. 11:13-16). En consecuencia, cuando recibamos el perdón de nuestros pecados –cuando recibamos la salvación– a través de la sangre de Cristo, seremos transformados en ángeles y regresaremos al cielo, nuestro hogar, donde vivíamos originalmente.

Pero si no somos salvos por insistir en volvernos de Dios, quien quiere salvarnos a los que estamos condenados a muerte por medio de su sacrificio, no podremos evitar ser lanzados al lago de fuego del infierno, adonde estábamos destinados a permanecer. Por tanto, debemos recibir la bendición del perdón de pecados esforzándonos por seguir el evangelio de Cristo –todas las verdades del Nuevo pacto– que Dios estableció por medio de su sangre cuando vino a esta tierra, dejando atrás su gloria y poder celestial.


1. La resurrección de vida y la resurrección de juicio

La Biblia nos enseña que hay dos clases de resurrecciones: la resurrección de vida para los que son salvos, y la resurrección de juicio para los que no son salvos.

Jn. 5:29 『y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.』

Dn. 12:2 『Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.』

Hch. 24:15 『teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos.』

Hoy en día, muchas iglesias del mundo abandonan la pascua y están esperando ambiguamente la resurrección. ¿Piensan que ellos podrán entrar en la resurrección de vida? Como lo dice la misma palabra “resurrección de vida”, los que no tienen vida eterna no podrán entrar en ella. Jesús dijo que los que no comen su carne y beben su sangre, no tienen vida en ellos, y que solo los que comen su carne y beben su sangre tienen vida eterna. Por consiguiente, nadie puede entrar en la resurrección de vida sin comer la carne y beber la sangre de Jesús a través de la pascua del nuevo pacto.

Jn. 6:53-54 『[…] Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.』


2. La resurrección de los salvos

Aunque hay dos clases de resurrección, la “resurrección” descrita en la Biblia usualmente se refiere a la resurrección de los que serán salvos.

Entonces, a la resurrección de vida para el pueblo de Dios, permítanme llamarla a partir de ahora solo “resurrección”.

Entonces, ¿qué clase de resurrección desea el pueblo de Dios que está en Cristo? Los salvos a través de la sangre de Cristo, regresarán en gloria a su patria celestial, donde una vez vivieron, siendo transformados en ángeles, sin tener más el cuerpo físico. La Biblia llama “resurrección” a ser transformado nuevamente en ángel. Es por eso que Jesús dijo que seríamos como los ángeles del cielo en la resurrección.

Mt. 22:30 『Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.』

Lc. 20:36 『Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.』

La resurrección que la Biblia testifica no es la resurrección con el cuerpo físico corruptible, sino que significa ser vestidos con el cuerpo spiritual incorruptible, esto es, ser transformados nuevamente en la apariencia angelical que perdimos. Así, la Biblia enfatiza que tendremos la apariencia del hombre del cielo. Tendremos un cuerpo espiritual, no un cuerpo de carne y sangre, aunque ahora tengamos la apariencia del hombre terrenal, Adán.

1 Co. 15:44-49 『Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. […] Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.』

¿Cuál es la semejanza del hombre del cielo? Se refiere a la semejanza de los ángeles del cielo. En otras palabras, tendremos la misma imagen o semejanza que los ángeles cuando seamos salvos y regresemos al reino de los cielos.

Entonces, ¿cómo se ven los ángeles del cielo?
Dios ya nos ha dado la respuesta a través de la resurrección de Jesús. La resurrección de Jesús es un perfecto ejemplo de la clase de resurrección que tendremos en el futuro. Esa es la razón por la que la Biblia dice que el cuerpo del pueblo salvo será transformado al cuerpo glorioso de Cristo.

Fil. 3:20-21 『Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.』

Después de su resurrección, Jesús apareció a Saulo (apóstol Pablo) con una fuerte luz del cielo como a mediodía, camino a Damasco (Hch. 22:6). En la isla de Patmos, se apareció al apóstol Juan en una forma impresionante, como se describe en la Biblia: “Sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía
una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza” (Ap. 1:12-16). A veces se aparecía en forma corporal ante sus discípulos que no creían completamente en su resurrección (Jn. 20:20, 27).

En otras palabras, Jesús resucitó con una forma gloriosa que el hombre ni siquiera puede imaginar, y tenía el poder de aparecer en forma corporal cada vez que quería. Cuando resucitemos, también tendremos un cuerpo perfecto dotado de ese sorprendente poder. ¡Qué glorioso y maravilloso!


3. La gloria de la resurrección se muestra en todo

Los que solo se aferran a este mundo visible difícilmente pueden creer en la gloria de la resurrección. Por tanto, Dios el Creador nos ayuda a comprender fácilmente la gloria de la resurrección incluso por medio de las cosas visible (Ap. 4:11).

Ro. 1:19-20 『porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.』

Cuando observamos a los organismos vivientes de esta tierra, podemos ver que existen algunas especies cuyas larvas son totalmente diferentes de los adultos. Por ejemplo, para las larvas de libélula en el agua, el mundo acuático lo es todo, pero en cierto momento de su vida se transforman en libélulas que pueden volar libremente por el cielo, jactándose de su transparencia y de sus magníficas alas. Hay otro caso: las orugas pasan casi todo el tiempo arrastrándose sobre las plantas comiendo hojas, y de pronto se transforman en espléndidas y maravillosas mariposas aleteando por el aire. En la naturaleza, todos los días ocurren estas cosas sorprendentes, que estamos propensos a mirar sin darnos cuenta. La Biblia compara a los seres humanos que viven en esta tierra con larvas y gusanos. Así, la transformación de los insectos muestra la voluntad de Dios de hacer conocer la gloria de la resurrección a los que solo prestan atención al mundo físico.

Job 25:5-6 『He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos; ¿cuánto menos el hombre, que es un gusano, y el hijo de hombre, también gusano?』

Por lo tanto, debemos comprender el poder de Dios mostrado en todas las cosas y correr con fuerza hacia las bendiciones del cielo, esperando la Gloria de la resurrección, en lugar de mirar nuestro aspecto físico y perseguir solo las cosas terrenales.


4. La transformación que el pueblo de Dios experimentará el último día

Para ser exactos, hay dos clases de resurrección para el pueblo de Dios: la resurrección de los que murieron en Cristo, y la resurrección (transformación) de los que se encontrarán con Cristo en el aire mientras aún estén vivos el último día. Respecto a esto, Jesús dijo lo siguiente:

Jn. 11:25-26 『Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. […]』

Como Jesús dijo: “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”, existen quienes serán resucitados después de la muerte. Y por otra parte: “Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente”, hay quienes serán transformados sin experimentar la muerte. Los apóstoles también dieron testimonio de esto: habrá la resurrección de los que ya han muerto, y la transformación de los que aún estén vivos y hayan quedado en el Día del Juicio.

1 Co. 15:50-52 『Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.』

1 Ts. 4:14-17 『Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.』

Una gran multitud que nadie puede contar será resucitada, y los 144 mil santos a quienes Dios salva del último desastre poniéndoles su sello, estarán vivos y se transformarán para encontrar a Cristo en el aire cuando él venga como Juez (Ap. 7:2-4, 9). ¡Imaginen el día en que serán resucitados en un momento y se encontrarán con Dios en el aire! Ese día, cuando los que hemos vivido como gusanos seamos transformados a la semejanza de los brillantes ángeles y ascendamos al cielo, ¡qué alegres y felices seremos!

Para darnos esa gloria y bendición a los pecadores, nuestro Padre y nuestra Madre celestiales personalmente vinieron a esta tierra y llevaron una vida de extremo sufrimiento y sacrificio, y finalmente nos dieron la pascua del nuevo pacto, la verdad de la vida eterna. Por tanto, debemos dar gracias y gloria eternas a nuestro Padre y a nuestra Madre por concedernos todas estas bendiciones, y tenemos que correr más duro hacia el reino de los cielos con la esperanza viva de la resurrección. Además, debemos inspirar la esperanza de la resurrección en el corazón de numerosas personas que piensan que este mundo visible lo es todo, y debemos predicarles la pascua, la verdad de vida, entonces podremos ayudarles a participar en la resurrección de vida.